jueves, 7 de agosto de 2014

A la memoria de Rodrigo Eduardo Otero Noguera






RODRIGO EDUARDO "ICO" OTERO NOGUERA
(Santa Marta 29 de julio de 1975 - + Santa Marta 5 de agosto de 2014)



Abogado, Procurador Judicial en Asuntos Administrativos de Santa Marta, pero sobre todas las cosas gran padre, esposo, hijo, hermano y amigo.


De Rodrigo Eduardo podríamos decir muchas cosas y tomar dos caminos distintos pero entrecruzados al mismo tiempo; podríamos llorar y seguir llorando la partida del amigo amado, o  también fácilmente podríamos reírnos sin parar. Así era él, amigo de sus amigos (pero también del desconocido que lo llegase a necesitar) un hombre de carácter, sincero, justo y servicial. Al mismo tiempo era un mamagallista empedernido que le sacaba apuntes a cualquier tema, en eso era también un experto.

Una amistad forjada en la infancia y la juventud es de por sí ya difícil de olvidar; pero más aún es, si con el pasar de los años esa amistad se añeja espirituosamente día a día como el buen vino. Eso representa Rodrigo - el gran amigo, el amigo leal, el amigo por antonomasia. La amistad y complicidad eran tan fuertes que para el día más importante de mi vida le pedí sin dudarlo el honor de que  fuera él, padrino de mi boda, me abrazó y aceptó gustoso el ofrecimiento.

En los momentos de diversión y de parranda, se le salía el vallenatólogo que llevaba por dentro, pero también disfrutaba de la música tropical de época, sobre todo la cubana; y ni que decir de la carnestolentica acompañado de la siempre fiel maicena. De un momento a otro se convertía en un espécimen raro, como un hibrido entre el Rey Momo y Rambo (producto de su paso por la Escuela Militar) y bailaba sin cesar, con esa sonrisa que lo caracterizaba, pero al mismo tiempo parecía un agente de la CIA, no se desconcentraba y se daba cuenta de todo lo que pasaba a su alrededor.

Entre recochas, juegos y carcajadas, novias iban y novias venían; casi todas efímeras, no obstante algunas marcaron y fueron importantes; sin embargo Dios ya había escogido para él a su compañera de vida. Fue cuando apareció Luz Elena. Me acuerdo por allá en los albores del 2004 que Ico me dijo: “Gordo, esta es”. Yo le creí en seguida. Si había alguien metódico y disciplinado era él, y si se atrevió a decir esas palabras mayores había que tomarlo en serio. Fruto de ese amor quedan sus angelitos Juan Miguel y Victoria Otero Acuña.

Para ellos, su Luje y sus hijos, el mayor de mis aprecios y cariño; más que una responsabilidad moral, es un honor decirles con amor que siempre podrán contar con nosotros para lo que sea menester.

A la familia Otero Noguera, a su señor padre Pichón, su señora madre Vivian y a su hermana Bambi, les doy gracias y los bendigo por haber forjado al hombre que se convirtió en mi amigo del alma. Su pérdida y lágrimas las siento como mía propias. Estamos con Ustedes siempre.

Más que un adiós, te digo hasta pronto viejo Ico; porque sé que bajo el amparo celestial algún día nos volveremos a encontrar, y seguiremos riéndonos de la vida, o de la muerte… Pero total seguiremos riéndonos y eso es lo único que importa.

Espero que el día que Dios me llame, también me ocurra lo que pasó contigo. Que el señor tocó a tu puerta, sonaron las trompetas y mientras te dormías en sus brazos, te susurraba al oído sonriendo: “Excelente trabajo, Rodrigo Eduardo, excelente trabajo hijo mío”.

Descansa en paz, hermano del alma

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