martes, 2 de diciembre de 2014

Sociedad, Política y Mr. Pindanga



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A través de toda la historia de la humanidad, a lo ancho y largo de las diferentes culturas que han surgido en nuestro globo terráqueo, siempre ha existido un personaje fundamental que ha influido en nuestro obrar: Mr. Pindanga.


Ya sea una invención real o no, bíblica, mitológica, metafísica, filosófica, o sobrenatural, Mr. Pindanga siempre ha estado ahí… En la psiquis humana… haciendo de las suyas. Dicen que es el equilibrio necesario para la armonía universal, y que esa eterna pugna entre el bien y el mal es lo que nos define como humanos.


Ha sido objeto de estudio en todas las ramas y manifestaciones del pensamiento; ha tenido infinidad de nombres y alias, entre ellos el Diablo, Satanás,  Belcebú, el Ángel Caído, Mefistófeles, Mandinga, el Anticristo, etc.


Bueno ese señor, el Cuco, como le decían cuando éramos niños, pareciera que estuviera suelto y libre de madrina hace rato; y para más piedra al parecer este monstruo multinacional tiene su Headquarters en Colombia. 


Pindanga es político por naturaleza; necesita del dinero, del poder y de la legitimación que le proporcionan estos para consolidarse. Poder y dinero - dinero y poder - un binomio eficaz con el cual se puede hacer muchísimo bien, grandes obras y una evolución social y espiritual que permitan fundar una sociedad más acorde a los designios de Dios… Desafortunadamente mal utilizada esa dupla, puede causar la peor de las catástrofes para nuestra humanidad. 


Para ilustrar un ejemplo tenemos a la Alemania del Nacional Socialismo, en donde Mr. Pindanga se disfrazó con un mostacho muy particular y encarnó a un locario y excelente orador que fue adorado por un país entero y casi lleva a la aniquilación del mundo.


Y es que los malos políticos necesitan urgentemente de Pindangas a su alrededor para poder desarrollarse; y en nuestro medio nacional y local se anidaron y tienen más crías que conejos en época de celo. En Colombia es muy fácil que las malas prácticas políticas crezcan silvestres. Tenemos a una masa cómplice, masoquista, sumisa, casi que con el alma mutilada. Por otra parte están los grandes capitales económicos aliados con los políticos; en donde muchos de ellos son empresarios lavadores de activos dispuestos a hacerse con una parte del rompecabezas del poder a como de lugar; por si fuera poco contamos con un Estado inmoral, cómplice, corrupto e hipócrita.  


Somos el resultado de una colonización paupérrima, de años de odios, opresión, resentimientos, sangre y luchas sociales; comercialmente pululan demasiados negocios mal habidos, muchos de ellos santificados legalmente por el sistema. Nuestra sociedad es timorata y con doble moral; y en donde podemos manifestar sin rubor alguno que en Colombia EL CRIMEN SI PAGA.


Para el próximo año se avecinan las elecciones regionales (Gobernaciones, Alcaldías, Asambleas Departamentales y Concejos Municipales); y desde hace algún tiempo han comenzado a escucharse los chismes y ajetreos de las campañas electorales que arrancan en la sombra. Los rumores dicen ya que fulanito arranca con $2.000 millones; que el otro precandidato ya tiene listos $3.500 milloncitos; que la campaña para aspirar al Concejo cuesta en promedio $300 millones. Y mientras tanto Mr. Pindanga está en su Headquarters relajado frotándose las manos; a la larga el único ganador es él, mientras sigamos mal viviendo en este modelo de sociedad, más almas perdidas tendrá a su haber.


Por otra parte, en este mundo de los vivos continuaremos con la abstinencia electoral en porcentajes alarmantes. Los apolíticos seguirán incrédulos y las personas del común como los campesinos o el ciudadano de a pie, seguirán de espaldas ajenos a la pugna de poder; el empresario honesto religiosamente pagará sus impuestos, mientras inspecciona el camión de los proveedores que acaba de parquear en sus patios. Ese domingo electoral poco lo motiva la urna, su única misión en la vida es sacar a su negocio y a su familia adelante, sin hacerle daño a nadie. 

El pueblo seguirá remándola día a día, sobreviviendo en este hornito llamado Colombia. La consigna es no desfallecer, perseverar, seguir trabajando decentemente y pidiéndole a Dios que las cosas mejoren por el bien de todos.


A la larga el cielo y el infierno están aquí mismo en nuestro medio, como consecuencia directa de nuestras acciones; y así creamos o no en ello, existe un Creador que todo lo ve y una justicia divina (Ley de Causalidad), la cual no es susceptible de ser comprendida por muchos de nosotros, pero que está ahí dispuesta a pasarle de alguna manera la cuenta de cobro a nuestros Pindangas tarde o temprano.

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